El estudio de las fuentes textuales aplicado a la arqueología tiene un marcado carácter transversal en la estructura del ICAC. A diferencia de la arqueología prehistórica, centrada en culturas ágrafas, la arqueología clásica no puede ignorar la literalidad –en el sentido más amplio del término, opuesto al oralidad– de su campo de estudio a lo largo de la mayor parte de su dilatada cronología. El hecho de disponer de una ingente cantidad de documentos textuales que abarca una amplísima gama de registros (obras literarias, técnicas, cartas, documentos oficiales y privados, grafitis…) y materiales (papiro, piedra, cerámica, metales…) supone una fuente de información insustituible a la hora de documentar e interpretar los datos materiales de la investigación arqueológica.

Además, las excavaciones arqueológicas aumentan continuamente este corpus textual con el hallazgo de nuevos documentos que, en primer lugar, hay que leer y analizar con la ayuda de la epigrafía, la paleografía y la filología para poderlos integrar en un contexto material , histórico y cultural más amplio y significativo. Todos estos factores hacen realmente imprescindible la participación del filólogo en la investigación arqueológica en todas sus líneas de actuación y en todos los niveles de la interpretación.

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