Con la expresión latina Instrumentum domesticum nos referimos al conjunto de utensilios, vasijas, utensilios y equipamiento material que definían, en la antigüedad, el día a día de las actividades humanas en todos sus ámbitos, muy especialmente el consumo y comercio de alimentos, pero también en otros más variados (como las actividades de culto o las armas para actividades bélicas). Se trata de una denominación genérica de unos materiales que nos permiten conocer las actividades, costumbres y vínculos socioeconómicos de los individuos que los utilizaron desde el momento de su producción hasta su abandono o destrucción.

Es fundamental conocer cómo los objetos llegaron a manos de los consumidores o manipuladores, y cómo se desarrolló este proceso mediante el comercio y los mecanismos de intercambio, con sus implicaciones políticas, sociales y económicas. El estudio de los materiales arqueológicos y de la actividad comercial que se deriva son una fuente de información valiosa y determinante para el conocimiento de la antigüedad.

Uno de los elementos fundamentales dentro del estudio del Instrumentum domesticum es la cerámica, hasta el extremo que es llamada el “fósil director” de la actividad arqueológica. Esto es así porque, gracias a las tipologías elaboradas desde el siglo XIX y fundamentalmente el XX, la identificación de los tipos cerámicos permite que sean el elemento principal para datar los estratos arqueológicos, junto con monedas y otros objetos. Por otra parte, la cerámica es a menudo el material arqueológico más abundante en cualquier excavación arqueológica que afecte hábitats del mundo antiguo y posteriores.

Sin embargo, más allá del valor de la cerámica como elemento de datación, hay que considerar también su importante papel como fuente de conocimiento sobre las redes de comercio en la antigüedad, así como también desde otros puntos de vista, como el estudio artístico y estilístico de las piezas decoradas (entroncando así con la historia del arte), su uso en relación a la alimentación (hasta ahora poco estudiado) y el estudio de los productos que se transportaban en contenedores o la búsqueda en epigrafía de los textos que aparecen sobre los materiales.

Uno de los elementos más estudiados son las ánforas, que resultan de gran interés para el estudio de las redes comerciales, ya que la determinación de sus contenidos (básicamente vino, aceite y salazones) permite conocer fuerza cuidadosamente la actividad económica en época antigua (fundamentalmente, durante el periodo romano).

En el marco de la línea de investigación Instrumentum domesticum se desarrollan varios proyectos relacionados, sobre todo, con la cerámica romana, su uso, comercio y caracterización y, durante los últimos años, se ha especializado en el estudio de las ánforas hispánicas.

Como complemento a la labor desarrollada desde esta línea, el ICAC ofrece la posibilidad, desde la Unidad de Estudios Arqueométricos, de llevar a cabo analíticas de cerámicas, para establecer sus características físicas y su procedencia.

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